
Pensar el futuro de Cunday es, inevitablemente, pensar en conectividad. Las vías no son simplemente caminos de tierra o de asfalto; son las arterias por donde circulan las oportunidades, el comercio, el turismo y la esperanza de una comunidad que quiere avanzar. Allí donde hay vías dignas, hay desarrollo; donde no las hay, el potencial de los territorios termina quedándose atrapado entre montañas y distancias.
Durante años, Cunday ha convivido con una paradoja silenciosa: posee una de las riquezas naturales más extraordinarias del Tolima, pero muchas veces esa belleza permanece invisible. Paisajes imponentes, cascadas, ríos cristalinos, montañas verdes y una sólida tradición agrícola conforman un territorio privilegiado por la naturaleza. Sin embargo, las dificultades de acceso han limitado que propios y visitantes puedan descubrir y valorar plenamente lo que este municipio tiene para ofrecer.
Por eso, hablar de desarrollo para Cunday exige una apuesta clara: convertir la infraestructura vial en el punto de partida de una transformación territorial. No se trata únicamente de facilitar la movilidad de los campesinos o de mejorar la salida de los productos del campo —que ya sería suficiente razón—, sino de entender que las vías también pueden abrir la puerta a una economía complementaria basada en el turismo sostenible.

Un turismo que no llegue a depredar el territorio, sino a valorarlo. Un turismo organizado, participativo y responsable, capaz de reconocer que la mayor riqueza de Cunday está en sus ecosistemas y en la autenticidad de su gente. Allí es donde la naturaleza, la cultura campesina y la hospitalidad pueden convertirse en una experiencia única para quienes buscan destinos tranquilos, genuinos y conectados con el medio ambiente.
Pero ningún proyecto de desarrollo se sostiene únicamente sobre cemento y maquinaria. Para que esta visión sea posible, Cunday necesita algo aún más importante: sentido de pertenencia. Las comunidades de las veredas, los emprendedores rurales, los agricultores, los comerciantes y los jóvenes deben asumir un papel protagónico en la construcción de una oferta turística organizada que destaque los lugares más hermosos del territorio.
Cascadas, senderos ecológicos, miradores naturales, hoteles rurales, fincas productivas y experiencias campesinas pueden convertirse en verdaderos motores de desarrollo si se trabajan de manera colectiva y con visión de largo plazo.
En ese camino también surge una oportunidad fundamental para el empleo local. Si el turismo y los servicios se consolidan, es necesario priorizar que las oportunidades laborales beneficien primero a la gente de la región. Muchos jóvenes que hoy buscan oportunidades fuera del municipio podrían encontrar en su propio territorio un camino digno para crecer, emprender y aportar al desarrollo de su comunidad.
Por supuesto, esto exige preparación. La formación y el fortalecimiento educativo serán determinantes para que los servicios que se ofrezcan estén a la altura de los visitantes. Guías turísticos bien preparados, gastronomía local de calidad, hospedajes rurales y urbanos organizados y una auténtica cultura de hospitalidad pueden marcar la diferencia entre un destino que apenas se visita y uno que se recomienda y al que siempre se quiere regresar.
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Cunday tiene todo para convertirse en un referente de turismo natural y desarrollo rural en el Tolima. Lo que muchas veces ha faltado no es potencial, sino decisión colectiva para ejecutar proyectos y creer en el territorio.
Las vías pueden ser el comienzo del cambio. Pero el verdadero progreso llegará cuando ese esfuerzo se combine con organización comunitaria, educación, protección ambiental y orgullo por lo que somos.
El futuro de Cunday no está escrito en ningún plan de desarrollo ni en ningún discurso político. Está, más bien, en la capacidad de su gente para reconocer que este territorio puede ser tan grande como lo permitan sus sueños y su voluntad de hacerlo realidad.
Por: Brayan Baquero – Empresario, Exconcejal y Excandidato a la Alcaldía de Cunday
Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no reflejan necesariamente la posición editorial de Panorama Tolima.



