Tolima

«¿Si ve papá que sí podíamos?»: la familia de Ortega que le vendió su café a Francia y batió un récord en Chaparral

Durante la emocionante subasta internacional desde el Parque de los Presidentes, una familia que lleva décadas dedicada al cultivo del café en la vereda Guayabo Alto se impuso con el mejor precio de comercialización de la Feria Internacional.

Don Aristóbulo Rayo tiene 68 años y solo estudió hasta tercero de primaria. Lo que sabe de café no lo aprendió en un aula, sino en las 1.900 metros sobre el nivel del mar de su finca en la vereda Guayabo Alto, Ortega, donde ha pasado la vida entera al lado de su esposa, a quien llama, sin rodeos, «una guerrera en el trabajo diario».

Este sábado, en el Parque de los Presidentes de Chaparral, ese trabajo de toda una vida se convirtió en un martillo cayendo a su favor. El café de la familia Rayo, un Geisha Lavado, fue el que mejor se vendió en la subasta internacional de la IV Feria Internacional de Café, superando el récord que se había alcanzado en ediciones anteriores. Un comprador llegado desde Francia pagó por él el precio más alto del evento, atraído por su calidad y sus atributos.

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Ortega, el municipio de los Rayo, no tenía historia en este tipo de concursos de café de alta especialidad. Nunca había figurado. Hasta hoy.

«Siempre pensaba: algún día tenemos que lograr algo con nuestro café», dice don Aristóbulo, con esa manera de hablar recio y en frases cortas que tienen los hombres del sur del Tolima. No lo dice como un eslogan. Lo dice como quien lleva años repitiéndoselo a sí mismo, en la soledad de la finca, mientras espera que la tierra le devuelva lo que le siembra.

A su lado ha estado, los últimos doce años, su hijo mayor, Alexánder. Dejó un trabajo en la ciudad para regresar a impulsar la economía familiar. Fue Alexánder quien empujó a la familia hacia las ferias: «A la primera Feria de Café a la que fuimos fue en Planadas. Nos vinimos con las ideas y con el sueño de algún día lograr estar en una subasta», recuerda. Lo que vino después fue una escalada lenta, casi silenciosa: en esta feria de Chaparral, cuando la familia apareció entre los primeros 30 productores, ya sentían que algo importante estaba pasando. Después llegó la noticia de que estaban entre los 15. Y finalmente, el precio.

Fue entonces cuando Alexánder se giró hacia su padre y le dijo la frase que hoy resume la historia entera de los Rayo: «¿Si vé, papá, que sí podíamos?».

Es una pregunta que también se la hacen, en voz baja, cientos de familias campesinas del Tolima que llevan generaciones cultivando sin que nadie les haya dicho que su café podía valer algo en el mundo. Por eso el mensaje de los Rayo, dicho al unísono como familia, no se queda solo en ellos: «El campo produce, en el campo sí se puede, aquí están las oportunidades».

Para el alcalde de Ortega, Diego Matiz, la victoria de la familia Rayo es también la victoria de un municipio que había mantenido su caficultura «escondida, olvidada». «Este es uno de los momentos más felices de nuestro Gobierno. Hoy, en la IV Feria Internacional de Café de Chaparral, saber que nuestro café se vendió al mejor precio, es un orgullo. Este es un sueño hecho realidad. Empezamos llevando a nuestros caficultores a Planadas, luego a El Líbano y hoy ganamos», dijo el mandatario, con la emoción todavía fresca del anuncio.

La gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, también quiso sumarse a las felicitaciones, y lo hizo pensando en algo más grande que una subasta. Ortega es uno de los municipios más golpeados por los incendios forestales que han azotado al departamento en las últimas semanas. «Todos los que estamos aquí sabemos de las dificultades que estamos pasando en nuestro departamento con los incendios forestales. El municipio de Ortega es uno de los más perjudicados. Desde aquí, desde esta Feria Internacional, les decimos a los ortegunos que no están solos, alcalde; que el Tolima está con ustedes, que Colombia y el mundo están con ustedes y que tenemos que seguir adelante. El café de Ortega se posiciona como uno de los mejores del mundo. Gracias, gracias, y llévele estas buenas noticias a su pueblo», resaltó la mandataria.

Esta noche, cuando don Aristóbulo regrese a su finca en Guayabo Alto, no lo hará solo con un precio récord bajo el brazo. Volverá con la certeza, tantas veces aplazada, de que sí se podía. Y con un hijo que, después de doce años sembrando junto a él, por fin pudo hacerle esa pregunta.

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