
La extorsión en las zonas cafeteras del tolima se está consolidando como una de las principales amenazas para los caficultores. Así lo advierte un estudio académico que ubica al departamento entre las regiones del país donde existe una mayor coincidencia entre la producción de café y la presencia de este delito.
La investigación, titulada «Café, Conflicto y Extorsión: Un Análisis Cuantitativo en Municipios de Colombia», fue desarrollada por los docentes Jaime Wilches, Karolina Baquero y Rodrigo Atehortúa, del Politécnico Grancolombiano, tras analizar información de los 1.122 municipios del país.
Según el estudio, Tolima comparte esta problemática con departamentos como Antioquia, Huila, Cauca y Nariño, donde los grupos criminales aprovechan la rentabilidad de la caficultura para imponer cobros ilegales a los productores.
Los investigadores advierten que en varias zonas rurales los caficultores deben enfrentar exigencias económicas por cada carga de café, por hectárea cultivada e incluso por transportar la producción hacia los centros de acopio, una práctica que se mantiene debido al temor de las víctimas a denunciar.
Aunque el Tolima no presenta las tasas más altas de extorsión del país, el documento señala que la combinación de corredores rurales estratégicos, antecedentes de conflicto armado y la presencia histórica de grupos ilegales ha facilitado la consolidación de estas estructuras criminales en municipios cafeteros.
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El análisis también concluye que la vulnerabilidad aumenta en territorios cercanos a economías ilícitas. De hecho, la investigación indica que la presencia de cultivos de coca incrementa significativamente el riesgo de extorsión, situación que podría afectar zonas vecinas al departamento debido a la movilidad de organizaciones delincuenciales.
Uno de los aspectos más preocupantes es el bajo nivel de denuncias. El estudio sostiene que siete de cada diez productores cafeteros reciben llamadas extorsivas, pero solo una pequeña parte acude ante las autoridades por miedo a represalias, lo que permite que estas redes criminales continúen operando sin mayores obstáculos.
Los investigadores advierten que este fenómeno no solo golpea directamente los ingresos de las familias campesinas, sino que también afecta a las cooperativas cafeteras y pone en riesgo los esfuerzos por posicionar el café del Tolima en mercados nacionales e internacionales.
Como parte de las recomendaciones, el estudio plantea fortalecer la presencia institucional en las zonas rurales, mejorar las rutas de denuncia y brindar mayor acompañamiento a las cooperativas cafeteras para impedir que la extorsión continúe expandiéndose en uno de los sectores económicos más importantes del departamento.




